Los pies descalzos del migrante sobre el camino del fascismo

 

Por: Jimena del Mar Jaimes Díaz
e-mail: jimena.2061720208@ucaldas.edu.co

El ascenso del fascismo en Europa es un tema que ha causado revuelo los últimos meses, pues las ideas políticas de gobiernos fascistas han sentado un precedente en el último quinquenio. El hito más reciente ha sido la victoria de la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni. Pero para conocer si esta “nueva” tendencia política es un riesgo para la establecida democracia, deberíamos preguntarnos, ¿qué es el fascismo?

El fascismo fue la invención política más importante del siglo XX y a la vez fue la que más padecimientos generó. Su comienzo político se dio en el fascismo italiano en 1922 y en el nacionalsocialismo en Alemania cerca de 1933. Para el siglo XX este movimiento representaba ideales como el totalitarismo, el nacionalismo e imperialismo. Si bien la historia nos recuerda que el fascismo era apoyado por una sociedad de masas en la que sus líderes buscaban restablecer tradiciones y mitos fundacionales, y a la vez expandir las fronteras ampliando su territorio, también se llevó a cabo el intento de extinguir a través de una acción racional e industrializada a todo un pueblo, su cultura y su memoria.

Es necesario aclarar que el fascismo dado durante la Segunda Guerra Mundial no es igual a las representaciones del fascismo actualmente. Hoy se reconoce que este no es anticapitalista, ni imperialista, ni totalitario; al menos considerando que los países donde han ganado sujetos políticos cercanos al fascismo son democráticos. Pero sí nacionalista y se considera al racismo violento perteneciente al fascismo después de 1945, referido al uso de la violencia en movimientos de extrema derecha, que construye la idea de la identidad nacional bajo el discurso de un enemigo en común, discriminando a todos los pueblos que no hagan parte del pueblo predominante. Hoy no habría fascismo, pero sí una traspolación de algunos de estos principios en la democracia.

Esto nos lleva a considerar el discurso de algunos de los mandatarios tendientes a esta línea en la actualidad. Italia tuvo unas elecciones históricas en septiembre con Giorgia Meloni. Estas fueron reconocidas por ser una mujer quien ocupó el cargo de ministra por primera vez en el país. Ella se caracteriza por pertenecer a una fuerza política de ultraderecha que tiene el objetivo de unir a la ciudadanía mediante el orgullo de los italianos por ser italianos. Además, centra sus políticas contra la migración y reducir los derechos de las comunidades LGBTQ.

En la historia algunas de estas ideas son muy parecidas al nacionalsocialismo en Alemania, cuando empezaron a responsabilizar al pueblo judío de todas sus desgracias. La relación con la actual Italia se da al mostrar unas posibles señales que indican en el discurso del gobierno a qué parte de la población se va a proteger y a qué parte se descuidará, y al tratarse de población migrante o pueblos diferentes a los hegemónicamente establecidos en la cultura, se discriminan, porque se consideran un riesgo para el desarrollo de identidad de un país. Si bien las semejanzas del fascismo del siglo XX son muchas, se debe mirar si en nombre de la democracia, la soberanía popular asume características racistas y xenófobas.

En el caso español, se encuentra el partido Vox, el cual apoya la elección de Meloni en Italia, indicando que eso les dará un impulso político en España. Se manifiesta que el futuro pertenece a los patriotas y se elegiría por encima de intereses foráneos. Vox es un partido político español de ideología ultraconservadora y ultranacionalista, muestra oposición a la migración y presenta falta de confianza en la Unión Europea como organización política, económica y social.  

El caso español denota dos aspectos frente a la tendencia de las ideas fascistas en Europa. El primero, indica el alcance internacional que una idea o ideología puede llegar a tener al dar aliento a otros para continuar con su “lucha”. El segundo asunto es referido a la posible desobediencia que se puede dar a la Unión Europea, organización encargada de acoger la integración y gobernanza en común de los Estados de Europa, ya que, si se deslegitima la autoridad de la UE no será tan sencillo regular el tema de los derechos en la política migratoria a nivel internacional.

Pero si los países europeos empiezan a irse o intentan cambiar a la Unión Europea, cabría preguntarse si los gobiernos elegidos democráticamente con tendencia fascista tendrían más libertad para implementar sus políticas nacionalistas y excluyentes a la población migrante, generando vulneración de derechos en los pueblos que buscan alternativas de vida, economía y cultura en otros países. Al final del día, el migrante siente incertidumbre bajo sus pies descalzos sobre el camino del fascismo, camino que eligen los ciudadanos democráticamente en un país. 

(Imagen: EFE)

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