Operación militar especial: ¿Una nueva forma de hacer la guerra?


Por: Nelson Calderón
e-mail: nelson.9620138687@ucaldas.edu.co

Nadie en el mundo democrático se atrevería hoy en día a justificar el inicio de una guerra y menos sabiendo el costo, no sólo en términos humanos y políticos, sino también el factor ético que implica justificar un hecho atroz. No obstante, algunos países de la Unión Europea y Gran Bretaña desde hace décadas se han involucrado y actualmente se involucran en conflictos por todo el mundo, desde la venta deliberada de armas, el financiamiento directo o indirecto de algún bando, incluso la instrucción militar, hasta la participación bélica directa de algún cuerpo armado sobre un territorio en busca de la pacificación y la instalación de todos los valores democráticos que convengan.

Es así como Occidente -sin sonrojarse si quiera- reacciona rápida y efusivamente contra la incursión militar rusa en Ucrania, lo que para algunos podría ser comprensible tratándose de territorio europeo geoestratégicamente necesario, para los intereses en seguridad de la OTAN y más si este colinda con fronteras del viejo enemigo oriental, pero para otros es evidente el doble racero con el que se juzga la ofensiva del oso ruso.

Anudado a ello, el 24 de febrero del 2022 Rusia asume una postura belicista contra su país vecino, iniciando un conflicto que hoy en día todo parece indicar que está lejos de acabarse. Sin embargo, la denominada operación militar especial se presenta hasta el momento como un fenómeno militar diferente, siendo Europa oriental el escenario de un nuevo conflicto proxy, ya no entre EE.UU. y la Unión Soviética, sino, entre el mundo unipolar occidental y la propuesta multipolar de oriente.

Pero, ¿tendrá algo de especial la autodenominada operación especial? Pues y tal como lo dice un experto militar consultado por RT Yuri Knútov, “la aviación de EE.UU. hizo 4.000 salidas en Irak, lo que provocó que el país quedará reducido a escombros y sólo después de eso se recurrió a las tropas terrestres”. Sin embargo, y para Rusia, que tiene en su poder la segunda mayor flota de aviación militar en el mundo y uno de los bombarderos más modernos, con el record de mayor capacidad de equipamiento del mundo, igualmente sería fácil alcanzar estas cifras.

Para corroborar esto la ACNUR señala que ha habido más de 7,2 millones de refugiados y una cifra no tan clara, pero mayor a los 7.000 civiles muertos desde el 24 febrero del 2022, contrastado así junto con las cifras del mismo gobierno ucraniano, quien reporta hasta antes de la operación rusa en la guerra por el Dombás que los civiles muertos en este conflicto habían sido aproximadamente unos 14.000.

De igual forma hay que comprender que, aunque en menor tiempo se llega a la mitad de muertes por las batallas, estas cifras se dan en un territorio más reducido que el alcanzado hasta ahora por el ejército ruso. Además, existen diversos reportes de que el ejército ucraniano en el preámbulo de esta guerra ya presentaba diversas denuncias por violaciones a los derechos humanos, llegando incluso a ser acusados de “limpieza pro-rusa” en esta región.   

En ese orden de ideas, la operación militar especial podría entenderse como una forma de intervención sobre un sentido no solo estratégico -en aspectos militares- sino en tanto a cálculo político, debido a que en Ucrania es válido un ejercicio militar “especial” para garantizar, entre otras cosas, que el impacto mediático/político sea menor y que la estabilidad política con el vecino país pueda perdurar más allá de la instauración de un gobierno títere, en otras palabras, la operación militar especial es un cálculo político contra  el “mediatismo” politizado e instrumental occidental.

(Imagen: Diario de Sevilla)

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