¿Un viraje en política exterior?
Por: Ricardo Arias Díaz
e-mail: ariasdiaricardo@miugca.edu.co
Para Colombia, un país históricamente gobernado por la derecha, cuyos intereses en política exterior han estado alineados con los de Estados Unidos, replantear las lógicas, fortalecer alianzas y construir nuevas relaciones implica en muchos casos dar el brazo a torcer en temas controversiales “políticamente incorrectos”. De ahí que definir los lineamientos de política exterior sea un reto encomendado al nuevo Canciller en el que puede leerse entre líneas que en este nuevo gobierno el fin justifica los medios, sobre todo cuando el fin apunta a los intereses nacionales.
El pasado 12 de agosto de 2022, en la primera sesión
ante el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), a la
que asistió Colombia desde que asumió el gobierno Gustavo Petro, sorprendió al
levantarse y ausentarse de la votación en la que se decidía sobre la resolución
que condenaba las violaciones de derechos humanos en Nicaragua, en particular
la arremetida del régimen de Daniel Ortega en contra de la iglesia católica,
los medios de prensa alternativa y los opositores políticos en el país
centroamericano.
Así mismo, el pasado 7 de octubre de 2022 Colombia
volvió a ausentarse de una votación de este tipo, esta vez ante la ONU, para la
aprobación de la resolución que pretendía extender la misión del Consejo de
Derechos Humanos en Venezuela que se encarga de investigar las violaciones a
derechos humanos del régimen de Nicolás Maduro.
Cabe recordar que cuando fue interpelado el Canciller Álvaro
Leyva sobre la decisión de ausentarse en la votación ante la OEA, este dijo que
se trataba de asuntos importantes de política exterior sujetos a reserva y de
una decisión del Gobierno Nacional. De otro lado, recuérdese cómo en el anterior
Gobierno de Iván Duque había sido uno de los promotores para ampliar la misión
de investigación en Venezuela.
Si bien sorprende y molesta la decisión del gobierno
de ausentarse en las votaciones ante estos organismos internacionales, lo
cierto es que a la larga los beneficios pueden ser más para el país callando en
estos escenarios. Debe considerarse que Colombia está en disputa desde el 2012
con Nicaragua por una zona de mar territorial con un fallo en su contra. Para
poder lograr acuerdos sobre esta zona, Colombia debe darle un mensaje distinto
al país centroamericano al históricamente asumido por los otros gobiernos y
reafirmar su intención de consolidar una alianza fuerte que traiga beneficios a
la población raizal ubicada allí. De igual manera, Colombia requiere del
gobierno de Nicolás Maduro para adelantar y resolver de una vez por todas los
acuerdos de paz con el ELN que le permitirían al presidente Petro cumplir su
promesa de paz total en el territorio colombiano.
No obstante, la decisión del presidente Gustavo Petro
parece ir en contra de sus prácticas de cuando era congresista – en especial el de su último periodo
como senador tras perder las presidenciales en 2018 contra Iván Duque – donde fue uno de los mayores
opositores al gobierno en política exterior. Y en el paro nacional fue uno de
los primeros en condenar y denunciar ante organismos internacionales las
violaciones a derechos humanos por parte del gobierno en el marco del llamado
“estallido social” del pasado abril de 2021. ¿Por qué ahora hacerse el de la
vista larga con los países vecinos? Así mismo ¿por qué el Gobierno de Gustavo
Petro decide ausentarse de estas votaciones y cuál es el lineamiento de
política exterior de tal importancia que está sujeto a reserva?
A lo sumo, aún es temprano para determinar y valorar
si el ausentismo en las votaciones que condenan derechos humanos en estos
países le va a traer más beneficios que perjuicios a Colombia. También es un
poco pronto para establecer si las decisiones han sido acertadas. Hasta el
momento son solo eso, decisiones de un nuevo gobierno con una nueva visión que
en todo caso se aleja de una improvisación y que sin duda tiene un objetivo
claro.
(Imagen: La Vanguardia)
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