Colombia en un mundo multipolar: sugerencias para la política exterior


Por: Carlos Fernando Rodríguez

carlosfernandorodriguezm@gmail.com

 

Actualmente nos encontramos en una transición del orden internacional que, por el momento, pasa de ser unipolar hacia uno de características multipolares, es decir, a un entorno mundial con más de dos superpotencias de rango global o regional considerable. Concretamente, podemos reconocer una tripolaridad global de facto, conformada por Estados Unidos, China y Rusia, pero acompañada por una diversidad de potencias grandes y medianas de nivel regional. La diferencia cualitativa de este nuevo orden emergente no radica tanto en la aparición de múltiples actores hegemónicos, como en la reconfiguración de la estructura del sistema internacional mismo. No se trata de la multipolaridad eurocéntrica de los siglos XIX y principios del XX, ni tampoco de la bipolaridad de la Guerra Fría, basada en la competencia de dos grandes bloques ideológicos (capitalismo y comunismo).

Más bien, es producto de una serie de crisis sistémicas del viejo orden liberal que afectan a las principales instituciones de gobernanza global y al proyecto económico que lo sostenía: la globalización capitalista neoliberal. De tal forma, el eje del desarrollo económico se ha desplazado desde la región euroatlántica hacia el Asia-pacífico, lo cual ha sido acompañado con el surgimiento de nuevos polos de desarrollo como el bloque BRICS.

Ante este nuevo panorama global propongo seis puntos clave que pueden orientar una “estrategia multipolarista” para Colombia:

1. Es necesaria una política exterior basada en la multipolaridad y la autonomía estratégica. Un entorno global multipolar ofrece una amplia gama de socios potenciales. Es necesario reducir la dependencia a un solo hegemón y emprender una búsqueda de nuevos aliados, en función de ampliar nuestro margen de maniobrabilidad internacional y nuestra autonomía de desempeño.

2. La integración latinoamericana no puede esperar en un mundo que se mueve hacia la integración regionalizada. No sólo es conveniente sino categóricamente necesario la creación de un gran espacio geopolítico latinoamericano como un nuevo polo de la multipolaridad. Esto demanda el fortalecimiento y desarrollo de mecanismos, plataformas e instituciones multilaterales de cooperación económica, política, de seguridad y militar, educativa, científica, etc. La unidad continental, antes que económica o comercialista debe ser ante todo política, identitaria y civilizatoria. Sugerimos que la orientación política de la región sea de “No Alineamiento Activo” con ningún hegemón.

3. El poder geopolítico latinoamericano debe pivotar sobre la protección y control regional de las áreas ecológicas y geográficas más estratégicas:  Mar Caribe, Canal de Panamá, Pacífico, Amazonas, Triángulo del Litio, Patagonia, Faja Petrolífera del Orinoco. En un mundo donde las potencias son cada vez más ávidas en la búsqueda de recursos estratégicos la presencia militar y extractivista de tales actores en nuestras áreas clave debe ser estrictamente regulada y reducida a sus mínimas proporciones.

4. Debe ser desarrollada una estrategia geoeconómica pragmática, inteligente y de largo aliento. Es necesario desarrollar economías de escala y encadenamientos productivos regionales en torno a proyectos comunes que avancen en las cadenas de valor en mercados estratégicos, con énfasis en bienes de valor agregado y en sectores de alta tecnología (aeroespacial, cibernético, automovilidad, comunicaciones, innovación, infraestructura, energía renovable). Nuestro rol regional debe ser el de fomentar el mercado común latinoamericano y el aprovechamiento de nuevos mercados globales, cadenas de suministros e inversiones estratégicas, con una perspectiva soberana, autosuficiente y con énfasis en la transferencia de conocimiento y tecnología.

5. Recrear el espacio soberano Grancolombiano. Debemos avanzar hacia la consolidación del Estado de la unión entre las repúblicas grancolombianas en múltiples niveles: comercial, financiera, aduanera, infraestructura, energía, migratoria, militar y de seguridad, recursos estratégicos, etc. Esto exige generar plataformas comunes que fortalezcan la interacción intrarregional, como mecanismos de consultoría y solución de diferendos técnicos y políticos, acuerdos de cooperación económica y militar, que fortalezcan la seguridad humana y la defensa de los DDHH, regularicen la migración, contribuyan a la estabilización política y a la consolidación de una real soberanía nacional.

6. Finalmente, ante un panorama global de incertidumbre, diseminación de conflictos armados y rápidos cambios, Colombia y Latinoamérica deben convertirse en un faro de paz y en un auténtico contrapeso a las prácticas imperiales y belicistas de las grandes potencias, hoy en carrera por la hegemonía global del siglo XXI. El mundo podrá superar la presente fase de inestabilidad, propia de los periodos de transición, entre más pronto se configure una nueva arquitectura de gobernanza global que reconozca la nueva distribución multipolar del poder, y en la cual la región debe figurar como vanguardia de la soberanía y la paz.

(Imagen: El Tiempo)

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