Palestina: un grito en silencio



Por: Andrés David Niño

andres.nino@ucaldas.edu.co

Desde la ocupación de los territorios palestinos en 1967, Israel ha sido objeto de constantes denuncias por parte de organismos internacionales por violaciones sistemáticas al derecho internacional humanitario y los derechos humanos. El principio de proporcionalidad, fundamental en ese marco legal, ha sido repetidamente vulnerado. Según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), más de 38,000 palestinos han sido asesinados y más de 80,000 heridos desde el estallido del conflicto, con una inmensa mayoría de las víctimas siendo civiles. Solo entre octubre de 2023 y abril de 2024, más de 35,000 palestinos murieron en Gaza, en su mayoría mujeres y niños. En la ofensiva de 2014, murieron más de 2,200 palestinos —al menos 1,500 civiles— frente a 67 soldados y 6 civiles israelíes. En la reciente ofensiva de 2023-2024, las cifras superan los 35,000 muertos palestinos, según el Ministerio de Salud de Gaza. Estas acciones difícilmente pueden entenderse como ejercicios legítimos de autodefensa, y más bien se configuran como represalias desproporcionadas contra una población ocupada. La expansión de asentamientos ilegales en Cisjordania ha sido condenada en múltiples ocasiones por resoluciones de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad de la ONU, en especial la resolución 2334 (2016), que declara que los asentamientos no tienen validez legal y constituyen una violación flagrante del derecho internacional. A pesar de ello, Israel ha seguido ampliando su presencia territorial mediante la demolición de viviendas palestinas, el despojo forzoso de comunidades y la creación de realidades geopolíticas irreversibles sobre el terreno.

La Corte Penal Internacional abrió formalmente una investigación en 2021 sobre presuntos crímenes de guerra cometidos en los territorios palestinos ocupados, lo que incluye tanto a Hamas como a las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). Sin embargo, la balanza de poder y recursos es desigual: Israel, dotado del armamento más sofisticado del Medio Oriente, ha desplegado ataques aéreos que, de acuerdo con Human Rights Watch, han destruido infraestructura crítica como hospitales, escuelas y plantas de tratamiento de agua, afectando a millones de civiles.

Israel también ha impuesto un bloqueo aéreo, terrestre y marítimo a Gaza desde 2007, considerado por la ONU como una forma de castigo colectivo contrario al artículo 33 del Cuarto Convenio de Ginebra. Este cerco ha generado una crisis humanitaria crónica: el 97% del agua en Gaza no es apta para consumo humano, el desempleo supera el 50%, y más del 80% de la población depende de ayuda internacional, según datos de la UNRWA. Estas condiciones no son colaterales: son el resultado directo de políticas sistemáticas de asfixia económica y territorial.

Además, la discriminación estructural hacia los palestinos está documentada por organizaciones como B’Tselem y Amnistía Internacional, que han calificado el régimen israelí como un sistema de apartheid. Esta calificación se basa en un análisis legal conforme a la Convención Internacional sobre la Eliminación y Represión del Crimen de Apartheid (1973), donde se establece que someter deliberadamente a un grupo racial a condiciones de existencia que busquen su destrucción física parcial o total constituye crimen de lesa humanidad.

Aunque Israel sostiene que actúa en defensa propia, el derecho internacional no permite justificar crímenes de guerra en nombre de la seguridad. Los crímenes deliberados contra la población civil, el uso de fuerza desproporcionada, la destrucción sistemática de infraestructura y el desplazamiento forzado constituyen violaciones claras que deben ser sancionadas. La inacción de la comunidad internacional, en especial de potencias como Estados Unidos y la Unión Europea, ha facilitado esta impunidad a través del silencio diplomático y la obstrucción en organismos como el Consejo de Seguridad de la ONU.

El caso palestino exige una respuesta inmediata y enérgica basada en los principios del derecho internacional, incluyendo el respeto al derecho a la autodeterminación, la protección de civiles en conflicto armado, y la rendición de cuentas ante la justicia internacional. No basta con declaraciones simbólicas; se requieren sanciones, embargos y acciones coordinadas para frenar una política sistemática de ocupación, represión y limpieza étnica que ha convertido a Palestina en una cárcel a cielo abierto.

(Imagen: Abu Elouf, S., 2023, octubre 8)

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